¿Por qué me estoy bebiendo a mi mismo?

 

Si no lo intentas no ganas,
y si no ganas, lo vuelves a intentar.

Anoche volví a beber otra vez y una vez más bebí mucho. Esta vez me había planteado
hacerlo con plena consciencia y me propuse preguntarme por qué y para qué bebía.
Me lo planteé como una despedida de este sin vivir, de esta esclavitud que me ata y me atormenta día a día. No sé si conseguiré que sea o no una amable despedida pero de lo que sí estoy convencido es de que este puede ser un momento determinante en mi vida.

¿Por qué, me estoy bebiendo?

¿Por qué, me estoy bebiendo?

Ayer me tomé muchas cervezas, muchas más de las que podía imaginar y aun así podía haber continuado… absolutamente subyugado y abducido por el alcohol.
Entre cerveza y cerveza releí el test de las 12 preguntas de Alcohólicos Anónimos para determinar si el alcohol se ha convertido en un problema para mi, tuve que reconocer que en mi caso cumplo seis de las doce premisas, no son pocas.

Esto quiere decir, aunque me cueste aceptarlo, que tengo un serio problema con el alcohol.
Es decir que yo abuso del alcohol y el alcohol abusa de mi.
Al tiempo que bebía, sentía como mi ser se embebía del encanto, la seducción y la atracción del insidioso Étilo que desplegaba ante mi su fascinante hechizo.

Previo a esa especie de ceremonia de despedida me había marcado un objetivo, escribirme a mi mismo con sinceridad y valentía los motivos que tengo para dejar de beberme a mi mismo tras cada cerveza, una tras otra.
Estando colocado pero con una plena y luminosa honestidad, desde lo más profundo de mi
Consciencia indagué en los motivos por los que quiero y necesito dejar de beber.
Motivos y porqués que os expongo a continuación.

¿POR QUÉ ES CIERTO QUE ME ESTOY BEBIENDO A MI MISMO?
Porque me hago daño y quiebro mi propia salud.
Porque interfiero en mi medicación y mi trastorno bipolar.
Porque no lo controlo sino que me controla a mi.
Porque creo que ya soy un alcohólico.
Porque no sé parar y no puedo decidir si quiero o no comenzar.
Porque me afecta por las noches e influye en mi sueño.
Porque dormir deja de ser un descanso.

Porque me despierto mal, cansado y trastocado.
Porque cuando me despierto me levanto arrepentido.
Porque me siento derrotado y apalancado muchas mañanas.
Porque es una derrota continua de mi voluntad.
Porque me frustra y me debilita el hecho de no poder parar.

Porque me quita tiempo de estar y compartir con mi amado.
Porque no consigo respetar lo que cada vez me planteo.
Porque me es imposible parar y ya no está en mis manos decidir.
Porque  acabo sintiéndome mal y el alcohol acaba sentándome mal.
Porque no puedo controlar lo que pretendo que sea un placer.
Porque ese placer siempre acaba en dolor.
Porque no puedo controlar el límite y la mesura.

Porque destruyo mi hígado, mi páncreas y mi organismo.
Porque impulso el efecto depresivo del alcohol.
Porque agravo las contraindicaciones con mi trastorno bipolar.
Porque me escondo para beber y siento vergüenza de beber tanto.
Porque cada vez más bebo fuera de casa y a solas.

Porque a menudo no puedo parar de pensar en beber.
Porque pensar en beber me confunde y me crea indecisión.
Porque no soy capaz de pararme a pensar o decidir si quiero beber o no.
Porque ya no puedo confiar en mi e incluso desconfío de mi propia palabra.
Porque no me beneficia ni me aporta nada, sólo me gasto mucho dinero.
Porque me ocupa mucho tiempo, me quita el tiempo y pierdo mi tiempo.
Porque no tengo iniciativa ni actividad por las noches.

Porque evita que sea consciente de la realidad y de mi realidad.
Porque me posee y no se pararlo ni ponerle fin.
Porque solo lo disfruto en el momento inmediato.
Porque siempre me imagino lo que nunca será, controlarlo.
Porque ingenuamente pienso, espero y confío que acabará.

Porque no sé si esto podrá acabar algún día y pienso que nunca habrá un final.
Porque parar o no empezar no depende nunca de mi voluntad.
Porque pienso que lo domino pero siempre me domina a mi.
Porque siempre me engaño a mi mismo y para parar me castigo bebiendo más.
Porque anula y destruye mi propia consciencia, la absorbe y la difumina.
Porque sé que estoy haciéndome daño a mi mismo.
Porque he convertido un supuesto placer en un penoso dolor.
Porque siento vergüenza de mi y de lo que hago.
Porque obstaculizo y debilito el que ha sido mi mayor tesoro: la Meditación.
Porque en realidad no abuso del alcohol sino que abuso de mi

POR TODO ELLO QUIERO DEJAR DE ABUSARME Y DE BEBERME A MI
MISMO

Si no lo intentas no ganas,
y si no ganas, lo vuelves a intentar.

Pétros Teófilos
13 Enero 2019

Felices 24 Horas.

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Las Escaleras del Alcohol

Cuando bajé aquellas escaleras, camino de A .A., puedo asegurar que había llegado al infierno de la desesperación. Era mi último escalón; lo único que me quedaba por probar, antes de renunciar definitivamente a una vida con la que ya no podía. Llena de miedos, vergüenza y dolor.

 

Aquella era la persona que entró, un miércoles de Noviembre, en la reunión del Grupo Los Doce Pasos, para salir, hora y media después, siendo otra. La semilla de A .A. había calado en mí. Faltaban todavía un par de meses para darme cuenta del concepto ”renacer”.

MI PRIMER AÑO DE SOBRIEDAD

Estoy a punto de cumplir un año dentro de la comunidad y, siento que debo dejaros aquí mi testimonio, como si de dar un paso 12 se tratara.De aquella primera reunión, recuerdo las miradas de amor y comprensión, la emoción, el nudo en la garganta y, sobretodo, recuerdo que algo hizo un clic dentro de mí. Al salir, ya no paré en la tienda de las 24 horas donde, cada noche, antes de entrar en casa, compraba cuatro o seis latas de cerveza. latas rojas, color infierno. No tuve que hacer ningún esfuerzo de voluntad. Simplemente, no paré. Ese fue el primer milagro de A.A.

 

LOS MILAGROS DE A.A.

En Navidades leí por primera vez el libro azul. El segundo milagro que obtuve fue entender que el programa de los 12 pasos es una herramienta de gestión, una enseñanza práctica para poder funcionar mejor en la vida y con la vida.

El tercer milagro consistió en percibir claramente la energía, positiva y abierta, que se genera en las reuniones. Acudía tres veces por semana. En A.A. no hay órdenes, ni imposiciones, tan sólo sugerencias salidas de la experiencia y, aunque la sugerencia era “90 días, 90 reuniones”, yo me encontraba bien con las tres semanales. Desde esa energía positiva, a través de los testimonios de los compañeros veteranos, me fue regalado entender que, beber no es sino la evidencia física de una enfermedad, cuyas raíces anclan en el pasado más sepultado. Son raíces emocionales, que me llevan en la vida a reaccionar, en vez de actuar. Las acciones nacen de la confianza; las reacciones, del miedo.

Captada la esencia de mi enfermedad, empecé a escuchar con otros oídos, a leer con otra mirada. Y llegó el cuarto milagro: Un compañero organizaba un taller que empezaba en Marzo, para ir iniciándose en la comprensión del programa; trabajando sus pasos a través de lecturas, escogidas del libro azul y del 12 pasos, 12 tradiciones, contestando a preguntas, formuladas para familiarizarse con la introspección y el autoanálisis. Ahora sé que no fue casualidad, sino causalidad, puesta en mi camino, para iniciar a buen ritmo mi recuperación.

 

HÁGALO CON CALMA, PERO, HÁGALO.

 

Uno sabe cuándo le ha llegado el momento de empezar a trabajar el programa. A mí me llegó al sentir, por primera vez en 30 años, una calma interior que había perdido allá por los 28. En paralelo al discurrir del taller, fui introduciéndome en los pasos. Actualmente, estoy a punto de empezar con el quinto. Si bien existe un aparente orden para hacer el programa, éste, a mi modo de ver, no es inamovible. Cada situación y cada alcohólico, es diferente. Se puede no haber pasado del primer paso y dar continuamente pasos 12. Se puede, como yo, estar en el quinto y practicar el décimo cada día, al final de la jornada o, cuando el resentimiento empieza a hacerse notar.

Este verano he hecho mi cuarto paso y, para mí, hay un antes y un después. Ahora puedo diseccionar mis reacciones; puedo ver que mis resentimientos son excusas, más o menos elaboradas, para hacerme daño; que mis defectos de carácter son defensas (reacciones) contra mis miedos; que mis miedos surgen de exigencias enfermas (miedo a perder, miedo a no tener) y, que mis exigencias enfermas sólo disminuirán si yo trabajo mi espiritualidad.

 

DIOS COMO MAL MENOR: EL DESPERTAR ESPIRITUAL

 

Llegamos así a la madre del cordero para cualquier recién llegado a la Comunidad: El Poder Superior y Dios, como cada uno lo conciba. Yo, que era agnóstica desde los 18 años o incluso antes, empecé “pasando” de estos conceptos que, desde mi descreimiento, me parecían propios de una secta. Los obviaba para centrarme en las experiencias que sí me ayudaban y, me ayudaban mucho. Aquello estaba funcionando y, Dios, era un mal menor.

En el campo de la espiritualidad, comencé trabajando el tercer paso desde la certeza de que existe en la vida un Orden Natural, superior al mío particular. “No interferir en el Orden Natural de los sucesos”. Ese fue mi primer concepto en este asunto. No imponer mis deseos, relajarme y esperar al desarrollo de los acontecimientos, sin interferir en ello. Y funcionó. A menudo comparto en las reuniones que, “El Poder Superior es comodísimo”. Y, para mí, lo es.

Tras el cuarto paso, la idea cambió. Estamos en un programa basado en la honradez y debo contar que, librada de los escombros que quedaron en los inventarios, en mi cuerpo y en mi mente, entró la luz. No sé si divina o cósmica pero, sin duda, luz espiritual. Los católicos, entre los que no milito, lo llamarían una conversión. Los AA lo llamamos una experiencia espiritual. Este verano, en un concreto momento que duraría tres o cuatro segundos, mientras miraba al mar sin pensar en nada, entró en mí la certeza de que existe un algo superior que me cuida y que sólo quiere mi bien, que yo sea feliz. Esa certeza sigue conmigo. Esta experiencia no es un quinto milagro, sino tan sólo la consecuencia de trabajar el programa, donde literalmente se nos promete un despertar espiritual que, en mi caso, ya ha comenzado.

LLEVAR EL MENSAJE

La vuelta al cole me trajo la oportunidad de realizar el servicio de I.P.  para mi grupo. Como el “no” ha desaparecido de mi vida, sustituido por el “y…¿por qué no?”, mi actitud ante todo lo que sucede es interrogante, positiva y, desde este nuevo mirar, acepté con ilusión el servicio. Acabo de empezar, no llevo ni dos meses pero, la recompensa que obtengo es ya infinitamente mayor que todo lo que humildemente pueda hacer por difundir nuestro mensaje.

Así, he llegado al primer cumpleaños de mi renacer, dando pasitos y comenzando a hablar tímidamente de la maravilla que, para mí, supuso el haber tenido el valor de bajar las  que ya son mis escaleras, para decir en voz alta: “ Me llamo Mª José y soy alcohólica”.

 

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